MADREMAR
Vamos, madre, por todas las tabernas, como
blancas mendigas de la muerte, dejando
entre las mesas la alegría —la alegría del
aire— regalada.
blancas mendigas de la muerte, dejando
entre las mesas la alegría —la alegría del
aire— regalada.
Nuestros pasos son cada vez más cortos, más
turbias las palabras que nos hunden. Ahí
marcha mi hija, el yugo uncido, con este
viento negro que hoy arrasa.
turbias las palabras que nos hunden. Ahí
marcha mi hija, el yugo uncido, con este
viento negro que hoy arrasa.
Pero tu mano aferra mi antebrazo y vuelve
muro firme nuestros cuerpos: detrás, avanza
libre la pequeña.
Libre, sobre las mondas del pecado.
Libre, sobre el escombro de la culpa.
No importa cuánta rabia sople, cuánta
metralla:
contigo somos una, madre, hija.
metralla:
contigo somos una, madre, hija.
Como son mar la arena y las corrientes.
Itzíar López Guil
Un refugio en la espesura.
Editorial: Bartleby


No hay comentarios:
Publicar un comentario