19 de junio de 2014

3 poemas de Vladimir Maïakovski



¡Escuchad!


Las estrellas están iluminadas,
¿quiere decir esto
que le son necesarias a alguien,
que alguien desea su existencia,
que alguien está echando
margaritas a los puercos?
Arremetiendo
contra la tormenta y la polvareda,
llegó hasta Dios,
temiendo estar en retraso.
Lloró,
besó su mano nudosa,
imploró—
¡necesitaba una estrella!—
juró
que no podía soportar
su martirio sin estrellas.
Después
paseó su angustia
fingiendo estar tranquilo.
Le dijo a uno:
«Ahora te sientes mejor, ¿verdad?
¿Ya no lloras?»
¡Escuchad!


*


De niño

Fui favorecido con el don de amar.
Pero desde la infancia
la gente
es domesticada por el trabajo.
Yo
me largaba a la orilla del Rioni
y vagabundeaba
despreocupadamente.
Mamá se enfadaba:
"¡Este bribón!"
Papá blandía como un látigo su cinturón.
Y yo,
con tres falsos rublos en el bolsillo,
iba con la soldadesca a jugar a las cartas.
Sin el peso de las botas,
sin el peso de camisas,
bronceado en el horno de Kutaisi,
volvía al sol la espalda
o la panza
hasta quedar saturado.
El sol se asombraba:
"No es más alto
que un enanito
y sin embargo tiene
un corazón de adulto.
Pone mucho corazón
en todo lo que hace.
¿Cómo es posible
que quepamos
en él
-en un metro-
yo,
el río
y todas esas rocas?


*


 Tú

Llegaste-
con una simple mirada,
tras el vozarrón,
tras la corpulencia,

descubriste a un chiquillo.
Tomaste,
mi corazón,
y jugaste con él,
como una niña con la pelota.
Y todas,
creen en un milagro -
¡aquí se asombra una dama,
aquí una chica!
¿Amar a uno así?
¡Si se te echa encima!
¡Será domadora!
¡Será del zoológico!
Y yo exhulto.
No existe
ese yugo.
Loco de alegría,
saltaba
como un indio en la boda,
de tan alegre,
 de tan ligero.



Poemas Maïakovski
Ediciones 29
Traduccion Alexis Nogetz

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