2 de marzo de 2016

3 poemas de Li Quingzhao







Arenas del lavadero de seda

Hace a un lado la copa llena  de ámbar espeso:
la languidez aumenta y no quiere embragarse.
La brisa de la tarde 
esparce el replicar de las campanas.
Al igual que el aroma del incienso,
su sueño se evapora 
y resbala lar horquilla dorada de su pelo,
Se incorpora confusa, 
y pierde su mirada 
en la flor encendida una candela roja.





 Como un sueño 

A menudo recuerda los ocasos
en el quiosco aquel junto al arroyo,
cuando ebrios no encontraban el camino de vuelta.
Volvían a la barca después de divertirse
y entraban por error en la espesura
de las flores de loto.
Con esfuerzo remaban y remaban,
asustando a los grupos de garcetas. 




  

Crece el membrillo

Lleva años maquillándose 
- flor de melocotón - ante el espejo
de jade, en el palacio.
Se siente prisionera.
Ha pasado ya un año, y él no ha vuelto.
Teme que llegue carta
 de las tierras  al sur del río Jiang.
Desde que él marchó no prueba el vino,
y tanta es su tristeza
que no queda una lágrima en sus ojos.
Vuela lejos de allí su pensamiento,
cruza las densas nubes, hasta Chu
El cielo inalcanzable está más cerca
que el cuerpo de su amado.








  Jade puro (Poemas para cantar)
Li, Qingzhao
Traducción de Kuo Tsai y Miguel Sala Diaz
Ediciones Hiperión


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