30 de junio de 2012

Oscar Wilde ante la justicia


OSCAR WILDE ANTE LA JUSTICIA






Tarde del primer día

EDWARD CARSON sigue interrogando a WILDE

CARSON: ¿Es ésta su introducción a Dorian Gray?
WILDE: Sí.
CARSON: ¿“Los libros están bien o mal escritos”?
WILDE: Creo que era “o bien escritos”.
CARSON: “Los libros están bien escritos”.
WILDE: “O mal escritos”.
CARSON: “Eso es todo”.
WILDE: Sí.
CARSON: ¿Eso explica su opinión?
WILDE: Mi opinión del arte, sí.
CARSON: ¿Debo deducir que no importa lo inmoral que sea un libro, que si está bien escrito será un buen libro?
WILDE: Sí está bien escrito producirá una sensación de belleza, que es el sentimiento más elevado de que es capaz el hombre. Si está mal escrito producirá una sensación de repugnancia.
CARSON: Un libro bien escrito e inmoral sería...
WILDE: Le ruego que me perdone... Lo que digo es que si un libro está bien escrito, si es una obra de arte, la impresión que produce es una sensación de belleza, que para mí es lo más elevado que es capaz de producir el hombre. Si es una obra de arte mal hecha, sea una estatua o un libro, produce una sensación de repugnancia; eso es todo.
CARSON: ¿Un libro bien escrito que expusiera opiniones sodomitas, podría ser un buen libro?
WILDE: Las obras de arte no exponen opiniones de ningún tipo.
CARSON: ¿Qué?
WILDE: Las obras de arte no exponen opiniones. Las opiniones son cosa de gente que no es artista. En una obra de arte no hay opiniones.
CARSON: Según usted, podemos decir que una novela sodomítica podría ser un buen libro.
WILDE: No entiendo a qué se refiere con “una novela sodomítica”.
CARSON: ¿Ah, no?
WILDE: No.
CARSON: Le propongo el caso de Dorian Gray. ¿Está el libro abierto a la interpretación de ser un libro sodomítico?
WILDE: Sólo para los zopencos... sólo para los iletrados; quizá debería decir para los zopencos e iletrados.
CARSON: ¿Una persona iletrada que leyera Dorian Gray podría considerarlo un libro sodomítico?
WILDE: Las opiniones que los filisteos puedan tener acerca del arte no han de ser tenidas en cuenta: son infinitamente estúpidas. No puede pregutnarme qué interpretación de mi obra puede hacer el ignorante, el iletrado, el necio. No me interesa. Lo que me interesa de mi obra artística es mi punto de vista, mi sentimiento, por qué la hice; me importa un bledo lo que los demás piensen de ella.
CARSON: La mayor parte de la gente entraría en su definición de filisteos e iletrados, ¿verdad?
WILDE: Oh, he encontrado maravillosas excepciones.
CARSON: Pero me refiero a la mayoría de la gente. ¿Cree que la mayoría de la gente está a la altura del comportamiento, de la pose que usted nos ofrece, señor Wilde, o tiene la suficiente educación para ello?
WILDE: Me temo que no son lo bastante cultivados. (Risas.)
CARSON: ¿No son lo bastante cultivados para trazar la distinción que usted nos ha ofrecido entre un libro bueno y uno malo?
WILDE:  Oh, desde luego que no. Nada que ver con el arte.
CARSON: El amor y el afecto del artista hacia Dorian Gray que se refleja en este libro suyo, ¿podría llevar a una persona normal a creer que la obra tenía la tendencia sodomítica, sí o no?
WILDE: Desconozco por completo a las personas normales.
CARSON: Oh, entiendo. Pero no les impide a las personas normales que compren el libro.
WILDE: Nunca les he desanimado a hacerlo. (Risas.)




 Merlin Holland


El Marqués y el Sodomita
Oscar Wilde ante la justicia


Ed: Papel de liar

29 de junio de 2012

Patti Smith - Fragmentos del mar de Coral




El muchacho que amaba a Miguel Ángel


Decían que tenía el rostro de un Dios
otros veían un demonio con sandalias de esparto
y un zarcillo de vid enredado en los rizos
venas fluían por sus brazos de mármol que cantaban
esculpiendo montañas como niebla cubriendo
una grieta en el corazón y la áurea honda
creaba de una manera que ni soñamos
cuchilla que raspa el dorso del deseo
músculo expuesto de un amor no cosechado
somos el búfalo una raza moribunda
remolcados en carros huesos augustos
vergüenza un éxtasis que nadie puede poseer
esclavos abrazados mientras clama la sapiencia
volúmenes de nada escritos en piedra



***



Un corazón subastado


La imagen de una muchacha con un sombrero alado de encaje. Una sierva milagrosa
o la hermana Mercurio. Su perfil, sus gestos de antaño huidizos expandiéndose ahora
en completo detalle. Él pidió un té que tardaron mucho en servirle, se recostó y pensó
en la casa de su tío, y en salón bañado de fuerte luz. En el jardín una muchacha
con una sombrilla dándose la vuelta. Se sintió un tanto indispuesto y el té
estaba tibio. Se puso las bolsas húmedas en los parpados cerrados y, al apretar
se sumergió en una serie de fotogramas, una pálida orquídea estrujada por una mano
 aún más pálida, una muchacha sin alhajas que ofrece su cuello desnudo. Deseo,
un liquido, que le corre por la garganta, el pecho que se desliza por sus rodillas
abiertas. Él se quedo en la evanescente sombra, El llanto de la muchacha
le despertó repugnancia mezclada con amor. Un amor que solo Cupido podría abrazar
en la travesura del sueño y que solo M podría abrasar en la crueldad de despertar.





El Mar de coral - Lumen
traducción de Rosa Pérez Pérez







27 de junio de 2012

Qué paladar tienes, muñeca - Woody Allen


Qué paladar tienes, muñeca



El cachet de la trufa blanca alcanzó nuevas cotas el pasado domingo, en Londres, con un ejemplar de un kilo doscientos gramos que se vendió en subasta por 110.000 dólares. La adquirió un comprador de Hong Kong no identificado.

The New York Times, 15 de noviembre de 2005.


Como detective privado, estoy dispuesto a recibir un balazo por mis clientes, pero eso tiene un precio: quinientos de los grandes la hora más gastos, que suelen equivaler a todo el Johnnie Walker que pueda echarme entre pecho y espalda. Aun así, cuando una monada como April Sensualle se presenta en mi despacho armada de sus feromonas y solicita mis servicios, el trabajo puede convertirse en pro bono por arte de magia.
  • Necesito su ayuda -ronroneó, y mientras cruzaba las piernas en el sofá, sus medias negras de seda dejaron claro que aquello era una guerra sin cuartel.
  • Soy todo oídos – dije, convencido de que la ironía sexual implícita en la inflexión de mi voz no pasaría inadvertida.
  • Necesito que vaya usted a Sotheby's y puje por algo en mi nombre. Como es lógico, yo corro con los gastos. Pero es importante para mí permanecer en el anonimato.
Por primera vez vi más allá de su pelo rubio, de sus labios como almohadas y de los dirigibles idénticos que tensaban la blusa de seda hasta el límite de su resistencia: la chica estaba asustada.
  • ¿Por qué objeto tengo que pujar? -pregunté-. ¿Y por qué no puede hacerlo por usted misma?
  • Quiero que puje por una trufa -contestó a la vez que encendía un cigarrillo-. Puede llegar hasta diez millones de dólares. Bueno, quizá doce si la cosa se pone reñida.
  • Ajá -asentí, mirándola con la misma expresión que suele traslucirse en mis ojos antes de marcar el número del manicomio-. No está mal para un antojo.
  • No sea vulgar -replicó, claramente ofendida-. Le pagaré el doble de sus honorarios habituales. Pero no salga de Sotheby's sin ella.
  • ¿Y si le dijera que, por la compra de un hongo, cualquier cantidad superior a los cinco millones de dólares resulta un tanto sospechosa? -pregunté con ánimo de provocarla.
  • Es posible..., pero la trufa Bundini se vendió por veinte millones, el precio más alto registrado por un tubérculo en una subasta; aunque, claro, había sido propiedad del Aga Khan y era de un blanco impoluto.





Pura Anarquía
Woody Allen
Colección Andanzas
Tusquets Editores















26 de junio de 2012

Fragmentos del cuaderno de agua


Trece Limón


Las heridas de mar, mal se curan en tierra Me dejé un trozo de dedo en la Roca Perra, una mañana en la que no perdí ninguna quilla de la tabla. son más baratas que los dedos y algo más fáciles
de encontrar. La marea estaba tan baja que todo se lo estaba tragando un sumidero. La baja de lava no  asomaba a la superficie, formaba una verdadera orilla. Era mucho antes de las nueve de la mañana y sólo había lugareños cogiendo lapas, despegándolas con esfuerzo, genuflexados entre las rocas. Al salir me desgarré un trozo de dedo gordo que se quedó allí como aperitivo para algún pez roca. Tardé tres semanas en apoyar del todo el pie los zapatos de laburo lo dejan blando, pálido y había que curarlo cada vez al llegar a casa.

 Los zapatos de laburo no pueden ser cualesquiera. Te dan puntos a lo largo del
año trabajado y luego los canjeas por unos mocasines o unos zapatos de universitario
de cordones. Todo bien de polipiel, bien de plasticazo, y así, con el olor que emerge
de los zapatos transcurrida una semana los de laburo consiguen que no te olvides de quién
sirve a quién. Luego regresaba a la playa a cualquiera y al bañarme el pie entero sentía
alivio. Saliendo del agua y de camino a casase me llenaba de arena, siempre mucho más pegajosa
y fina que la blanca, siempre condensando la cantidad de calor adecuada para quemarte
 las plantas de los pies.

Era difícil que saliera con agua y jabón y tenías que frotar hasta el dolor. Para evita que se infec-
tara, para curar y expirar un poco, cortaba un limón, lo exprimía, dejando caer el zumo por la herida abierta y húmeda y lo respiraba con rabia hasta que me ardía. Los reflejos del dolor recorrían
mi espalda, desembocando en el codo del brazo opuesto.

Stevensson cuando me escucha hablar de estas cosas, me dice -te jodes-. Stevensson tiene un trabajo que odia pero no se atreve a dejar, una novia a la que trata de engañar con coca en
las güisquerías, unas letras que sabe que enterrarle y cuida un gato con en que no se entiende.



 Cincuenta. Las hermanas

¿Es buena suerte salvar la vida?
Lo unico que consigues es posponer, aunque desde
luego es una gran suerte esquivar a las hermanas
Plejia, Hemi, Tetra y Apo




Canalla Ediciones




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